¡Hola a todos!

Varios de vosotros me habéis preguntado desde la última vez que actualicé el blog si lo había abandonado, a lo que yo respondía algo como: «tengo varias entradas en mente, pero me falta un hueco para escribirlas». Si bien es cierto que, pensándolo bien, ha pasado demasiado tiempo desde mi última entrada, en mi fuero interno estaba completamente convencido de que algún día volvería a él. Y aquí me tenéis.

Mucho ha cambiado desde entonces, en especial en el campo profesional, donde esa parte friki de mí mismo amante de trastear con todo lo relacionado con la informática aplicada a la traducción se ha ido abriendo paso poco a poco. Este progreso ha supuesto que, más que traducir (aunque sin dejarlo de lado), en estos momentos dedique gran parte de mi jornada laboral trabajando para varios clientes sumergido en la parte técnica de la traducción. Entre otras muchas tareas, me encargo de la gestión y actualización de memorias de traducción, de la creación de proyectos y de filtros para la traducción de diferentes tipos de archivos en diversas herramientas TAO, de la comprobación de archivos finales y del testing, en especial de cursos web.

Asimismo, dado que mis principales clientes trabajan con memoQ, esta herramienta TAO se ha convertido en la compañera infatigable de mi trabajo cotidiano. A fuerza de lidiar con ella día sí y día también, he ido aprendiendo varios secretos —o trucos, si los queréis llamar así— que he ido guardando en la cabeza (y, de vez en cuando, apuntando en papeles sueltos que luego extravío) a medida que los descubría, con la esperanza de que, cuando tuviera tiempo, pudiese compartirlos en este blog.

Estos días, aprovechando que he tenido un poco de tiempo, he pensado que ya iba siendo hora de escribir esta primera entrada sobre memoQ. Antes de ir al meollo del asunto, explicaré brevemente, por si alguien no lo conoce, qué es memoQ y, además, os dejaré un minitruco para ocultar el número de licencia en dicho programa —enseguida sabréis los motivos por los cuales podríamos recurrir a ello—.

Sobre memoQ

memoQ es una herramienta TAO desarrollada por la empresa húngara Kilgray que, de forma similar a Cafetran Espresso 2014, SDL Trados Studio, Wordfast Pro, Déjà Vu X y otras alternativas menos conocidas, integra en una misma ventana los documentos que se van a traducir divididos en segmentos, las correspondencias de una memoria de traducción y las entradas de una base de datos terminológica, en su caso. Se estructura en torno al formato MEMOQXLIFF (una variante del estándar XLIFF con propiedades añadidas por Kilgray), al cual convierte de forma interna los archivos traducibles, sea cual sea el formato de origen.

La última versión, la 2014 R2, se caracteriza, entre otras novedades, por el cambio de su interfaz clásica por otra que clasifica las funciones del problema mediante la cinta de opciones, que vimos por primera vez en Microsoft Office 2007, lo que ha suscitado críticas tanto positivas como negativas entre los usuarios de memoQ. En su página web podréis ver con mayor detalle todo lo que puede ofrecer.

Cómo ocultar el número de la licencia

Al abrir memoQ, en la esquina superior derecha se puede ver el número de licencia del usuario. Si, al igual que yo, vais a enseñar vídeos o capturas de pantalla desde vuestro ordenador, o bien hay personas que pueden acceder a vuestro ordenador; y si queréis que ningún gorrón listillo pueda copiarlo y usarlo en su copia de memoQ (cada licencia permite usar el programa en dos ordenadores), seguid estos pasos, que en su día hallé en la sección de asistencia de Kilgray:

  • Si no lo está ya, cerrar memoQ.
  • Abrir el archivo AppPreferences.xml situado en C:\ProgramData\memoQ con un editor de textos, como el Bloc de Notas o Notepad ++.
  • Cambiar el valor de la cadena HideSerial (o, en su caso, crearla) de false a true y guardar el archivo.

En esta captura podéis ver que el número de licencia ha desaparecido de la ventana principal de memoQ.

Licencia oculta en memoQ

Datos del usuario de memoQ con el número de licencia oculto

Volvamos a lo que nos ocupa: la pseudotraducción

¿Qué es la pseudotraducción y para qué se utiliza?

La pseudotraducción (llamada roundtrip en inglés), de la que ya habló Pablo Muñoz en Algo más que traducir, consiste en aplicar a los documentos traducibles una serie de pruebas (normalmente, varias búsquedas y sustituciones en los archivos) previas a la traducción propiamente dicha mediante las cuales se simula la traducción de dichos archivos con distintos objetivos, entre los que figuran los siguientes:

  • Asegurarse de que la exportación del archivo traducido al formato original se producirá sin problemas. Hay varios factores que pueden impedir que se produzca correctamente: que el archivo original esté dañado, que durante la traducción se altere el archivo original de tal forma que imposibilita la exportación, la existencia de un formato complejo que provoque errores y otros problemas de diversa índole. Es conveniente llevar a cabo la pseudotraducción por si se diera cualquier error que no permitiera la correcta exportación del archivo traducido, con el fin de poder identificarlo, anticiparnos a los problemas y buscarles una solución y, si conviene, avisar al cliente de dichos problemas.
  • Si la exportación termina sin problemas, abrir los archivos traducidos con el fin de comprobar la integridad del texto. Puede haber incompatibilidades de la fuente usada en el original con los caracteres no latinos o la escritura de derecha a izquierda, cambios en la codificación de los archivos traducidos y otras cuestiones que a veces no se pueden detectar hasta la exportación de dichos archivos. De nuevo, es oportuno recurrir a la pseudotraducción para poder tomar las decisiones oportunas al respecto.
  • Ver si hay texto traducible sin traducir o texto no traducible sin bloquear y comprobar que los filtros de importación de archivos tanto predeterminados como personalizados (a los que volveré en futuras entradas) se han aplicado del modo en que se pretendía que funcionaran. Puede haber, por ejemplo, texto traducible oculto o etiquetas personalizadas del cliente que deben quedar bloqueadas pero que han quedado como texto plano, lo que no se puede detectar hasta abrir los archivos exportados.
  • En localización de software, de aplicaciones para dispositivos móviles y de videojuegos, entre otros, dilucidar si, a pesar de la expansión del texto (el aumento en el número de caracteres), la traducción es legible. Dicho de otro modo, el objetivo real es —como bien explica Pablo Muñoz— comprobar si los desarrolladores han llevado a cabo una correcta internacionalización del producto (es decir, lo han preparado para su localización teniendo en cuenta las peculiaridades de cada idioma).

Teniendo en cuenta estos motivos, se puede llegar a la conclusión de que añadir un paso de pseudotraducción previo a la traducción en sí resulta muy recomendable, en especial en archivos como XML personalizados, documentos con formato complejo o con archivos incrustados, etc.

La pseudotraducción en memoQ

El primer paso consiste en abrir memoQ y crear el proyecto con la combinación de idiomas, memorias de traducción y demás configuraciones que correspondan, sin olvidar —claro está— importar los archivos que se van a traducir usando los filtros correspondientes.

En este punto del proceso, si se intenta exportar los archivos, memoQ avisará de que no puede hacerlo por haber errores de etiquetas y segmentos vacíos en el idioma de destino. Este aviso se debe a que, de forma predeterminada, los segmentos de destino están vacíos, sin etiquetas ni texto normal (salvo que hayamos pretraducido el archivo original por algún motivo o que esté presegmentado, como puede ser con archivos XLIFF o TTX, por poner dos ejemplos).

Con el propósito de evitar que aparezca este mensaje, hay que copiar los segmentos de origen en los de destino, para después poder aplicar la pseudotraducción. Para tal fin, en la cinta de opciones, vamos a la pestaña Preparación y, en el grupo Traducciones, hacemos clic en la opción Copiar origen al destino si éste está vacío, como se ve en la captura de pantalla. Elegimos si queremos que se copien los segmentos en todo el proyecto (lo más recomendable) o en un archivo o conjunto de archivos.

Copiar origen al destino

Copiar segmentos de origen en los de destino en memoQ

En segundo lugar, procedemos a la pseudotraducción propiamente dicha, que se trata de un conjunto de operaciones de buscar y reemplazar en los segmentos de destino de los archivos pertinentes. memoQ cuenta con una gran ayuda para realizar este paso: el complemento de memoQ de pseudotraducción, que se encarga de realizar dichas operaciones por nosotros. Sin embargo, está desactivado de forma predeterminada, por lo que tendremos que activarlo antes.

Se puede poner en marcha dicho complemento pulsando el botón Opciones situado en la esquina superior izquierda (el icono son varias ruedas dentadas). A continuación, como se observa en la captura de pantalla que figura a continuación, en el apartado Categorías vamos a Traducción automática, buscamos el complemento y marcamos las casillas Habilitar complemento y Preferido (esta última no es obligatoria, pero sí recomendable).

Complemento de pseudotraducción de memoQ

Vista del complemento de pseudotraducción de memoQ una vez activado

El tercer paso, una vez activado el complemento, se basa en la pretraducción de los archivos, proceso durante el cual el complemento llevará a cabo las búsquedas y reemplazos según esté configurado. En la misma pestaña Preparación se encuentra el botón Pretraducir.

Cuando se abra la siguiente ventana, hay que asegurarse de marcar la casilla Usar traducción automática y la opción Cualquier coincidencia para que memoQ use a lo largo del archivo o conjunto de archivos seleccionados el complemento que hemos activado con anterioridad. En la siguiente captura de pantalla se puede ver cómo queda la configuración.

Pretraducir y estadísticas en memoQ

Cuadro de diálogo Pretraducir y estadísticas

Llegados a este punto, memoQ puede que nos sorprenda con un mensaje de error, el cual se debe a que este complemento no funciona con todas las combinaciones de idiomas. Por ejemplo, no está disponible si uno de los idiomas es el español a secas, sin concretar la variante lingüística. No hay nada de qué preocuparse: lo único que cambia es que seremos nosotros quienes hagamos las búsquedas y reemplazos en los archivos. Con una serie de cinco o seis búsquedas tendría que ser suficiente para ver cómo afecta la pseudotraducción a los archivos de origen.

Al menú Buscar y reemplazar se llega con la combinación de teclas Ctrl + H. En esta ventana, lo más recomendable consiste en que, busquemos lo que busquemos, lo sustituyamos por caracteres propios de la lengua de destino, como pueden ser caracteres con acento, la eñe, la cedilla, hanzi de la escritura china, etc.; así como por caracteres especiales, como el símbolo del dólar, la almohadilla y tantos otros. Así mismo, si nuestro objetivo es comprobar si el aumento de caracteres puede impedir su legibilidad, tendremos que añadir varios caracteres en el cuadro Reemplazar por. De esta forma, nos cercioraremos de que la pseudotraducción será lo más parecida a la traducción real al idioma correspondiente, lo que permitirá identificar posibles problemas con mayor precisión.

Como se aprecia en la siguiente captura de pantalla, es importante marcar la opción Destino y pulsar el botón Reemplazar todos, así como elegir el ámbito de aplicación de la búsqueda que se prefiera.

Buscar y reemplezar en memoQ

Vista del cuadro de diálogo Buscar y reemplazar en memoQ

Una vez terminada la serie de búsquedas y reemplazos, pasamos a exportar los archivos, bien marcando los archivos, abriendo el menú con el botón secundario del ratón y haciendo clic en la opción Exportar (ver captura de pantalla), o bien pulsando el botón Exportar en la pestaña Documentos de la cinta de opciones. Después elegiremos la opción que mejor convenga entre Exportar (ruta almacenada) o Exportar (cuadro de diálogo). Si no hay problemas con la exportación, ya podemos abrir los archivos pseudotraducidos que ha creado memoQ para detectar posibles problemas.

Exportación de archivos tras la pseudotraducción

Exportación de archivos tras la pseudotraducción

Por último, y no menos importante, una vez hayamos comprobado que no hay ningún error, todavía queda un último paso por hacer, que consiste en borrar las pseudotraducciones de los segmentos de destino para que se pueda llevar a cabo la traducción real, lo que se consigue en la cinta de opciones, pestaña Preparación, grupo Traducciones, botón Borrar traducciones.

Borrar traducciones tras la pseudotraducción

No olvidéis borrar las traducciones tras la pseudotraducción

Aquí acaba el método que suelo emplear antes de empezar cualquier proyecto, pero ni mucho menos es el único válido (cada maestrillo tiene su librillo, dicen). También hay que tener en cuenta que, incluso habiendo recurrido a la pseudotraducción, cabe la posibilidad de que, una vez terminada la traducción, nos topemos con algún error misterioso que dificulte la exportación de los archivos. Mediante la pseudotraducción, sin embargo, casi siempre detectaremos los errores de «fábrica» en los originales, lo que permite prevenir en vez de tener que curar más adelante —por la ley de Murphy, cuanto más cerca del plazo de entrega nos hallemos— :).

¡Hola a todos!

Retomo el blog con una entrada que mi amigo y antiguo profe Rubén me sugirió escribir en su día: Okapi Framework. Como ya habéis sido testigos de mis parrafadas habituales, y dado que esta herramienta es muy amplia, escribiré varias entradas sobre el tema. Aquí va la primera de ellas.

INTRODUCCIÓN

Me imagino que muchos de vosotros os habréis preguntado al leer el título: «¿Qué es Okapi Framework?». Nadie mejor que sus creadores para contárnoslo. Si prestamos atención a su página web, podemos averiguar que Okapi Framework (de ahora en en adelante, Okapi) es «un conjunto de componentes y aplicaciones de código abierto, libre y multiplataforma diseñado como apoyo a los procesos de traducción y localización». Así pues, nos queda claro que Okapi es gratuito y que no se trata de una herramienta de traducción asistida por ordenador al uso, sino de un complemento de ayuda en las tareas de traducción y localización.

A su vez, Okapi consta de varias herramientas escritas en lenguaje Java entre las que destaco Rainbow (a la que dedicaré esta entrada en exclusiva), que nos permite ejecutar multitud de procesos relacionados con la traducción y localización, CheckMate, utilizada para realizar controles de calidad en archivos bilingües y, dentro de las antiguas aplicaciones de Okapi en .NET framework, Olifant, que sirve para realizar búsquedas y cambios en distintos formatos de memorias de traducción. Cabe mencionar, así mismo, la presencia de aplicaciones en línea de comandos, destinadas a usuarios más avanzados, como Tikal, que permite unir varios archivos XLIFF, llevar a cabo conversiones de archivos o incluso traducir utilizando sistemas de memorias de traducción; o Ratel, un editor WYSIWYG empleado para crear reglas de segmentación SRX (Segmentation Rules eXchange).

RAINBOW

La primera vez que abrimos Rainbow, nos encontramos con una ventana como la de la siguiente imagen:

Rainbow

Ventana principal de Rainbow

Como se puede observar, en dicha ventana figura la clásica barra de menús, común a la mayoría de aplicaciones, donde nos serán de especial utilidad los menús Utilities y Tools (Utilidades y Herramientas, respectivamente) y una sección de botones que ejecutan las funciones más básicas, como abrir un proyecto, guardarlo, etc. Debajo de esta sección vemos de un directorio titulada Root (Raíz), que es el directorio de nuestro proyecto. El resto de la pantalla lo ocupa una sección con varias pestañas, destinadas a la listas de documentos con los que queremos trabajar (hasta un total de tres), así como otra pestaña, Languages and Encodings (Idiomas y codificaciones), donde podemos establecer, como su nombre indica, los idiomas y codificaciones de los archivos que hayamos añadido. Para terminar, en Other Settings (Otros ajustes) podemos configurar algunas características de los archivos de destino.

Creación de paquetes de traducción

La primera función de Rainbow que quiero destacar es la creación de paquetes de traducción. De esta manera, podemos preparar nuestros archivos para convertirlos a formatos compatibles con diversas herramientas tanto gratuitas como de pago, como QT Linguist (recordad que hablé de esta herramienta en la entrada anterior), OmegaT, Trados, Swordish III (que mencioné en esta entrada) o Wordfast. Así que por falta de alternativas no será.

Para acceder a esta función, tendremos que, en primer lugar, cargar los archivos que queremos convertir mediante la combinación de teclas Alt + Insert. Una vez elegidos, nos dirigiremos a Utilities > Translation Kit Creation… (Utilidades > Creación de paquetes de traducción). En la siguiente captura de pantalla podemos ver un ejemplo de esta ventana. En la parte derecha de la ventana que aparece, podemos ver la lista de formatos a los que se pueden convertir los archivos. Cuando seleccionamos uno, en la sección inferior se nos aporta una breve descripción que soluciona más de una duda. Asimismo, en la pestaña Output Location (Ubicación de los archivos de destino) podemos decidir la ubicación del paquete que creemos, así como si deseamos que el programa cree un archivo comprimido con los archivos de dicho paquete.

Creación de paquetes de traducción

Captura de pantalla de la ventana de Creación de paquetes de traducción de Rainbow

El programa nos creará un paquete en la carpeta que le hayamos indicado, con una carpeta destinada a los archivos originales y otra, de nombre, work, que contiene los archivos de trabajo o borradores, que son el resultado de la conversión que ha realizado Rainbow para hacerlos compatibles con el programa de traducción asistida elegido. Aquí tenemos un ejemplo de un paquete PO que puedo traducir mediante QT Linguist, y que he creado a partir de un archivo en formato ODT.

Archivo PO en QT Linguist

Captura de pantalla de un archivo PO en QT Linguist creado por Rainbow

Las siguientes capturas muestran, respectivamente, los paquetes de este mismo archivo obtenidos siguiendo este proceso para su posterior traducción en Swordfish III (a partir de un archivo XLIFF), OmegaT y Trados (a partir de un archivo RTF).

Archivo XLIFF en Swordfish

Captura de pantalla de archivo XLIFF creado con Rainbow y abierto en Swordfish

Traducción en OmegaT

Captura de pantalla de un texto para traducir abierto en OmegaT creado desde Rainbow

Archivo RTF bilingüe

Captura de pantalla de un archivo RTF bilingüe para Trados creado con Rainbow.

Como habréis podido comprobar ya, contamos con muchas opciones de creación de paquetes de traducción, compatibles tanto con herramientas de traducción asistida gratuitas como comerciales. Aparte de lo mostrado anteriormente, podemos crear archivos compatibles con Transifex, Wordfast y otras herramientas de traducción asistida.

Creación de memorias de traducción

Imaginaos que, utilizando Rainbow, hemos podido convertir un archivo siguiendo los pasos anteriores a un programa de traducción asistida de nuestra elección como, por ejemplo, QT Linguist. Cuando hemos terminado de traducir el archivo, caemos en la cuenta de que queremos guardar una memoria de traducción basada en dicho archivo para poder aprovechar la traducción en futuros proyectos. Sin embargo, herramientas como QT Linguist no funcionan con el concepto de memoria de traducción, al contrario que otras alternativas como Trados o Wordfast o, si hablamos de software libre, OmegaT o Anaphraseus. Pues bien, en vez de maldecir nuestra mala suerte, Rainbow nos puede ayudar a salir del apuro mediante su función de conversión de archivos, en concreto la conversión a formato TMX (Translation Memory eXchange).

A diferencia de la función de paquetes de traducción, la conversión de archivos se limita a convertir los documentos que queramos a otro formato, sin crear la estructura de carpetas más propia de un proyecto de traducción (es decir, carpetas para documentos originales y borradores y otros archivos necesarios para ser compatibles con el programa elegido). Si bien es cierto que estas dos funciones pueden llegar a solaparse (en especial en el caso de los archivos PO), creo que dan la posibilidad de que cada traductor trabaje según más le convenga.

En la situación que nos ocupa, el primer paso para obtener nuestro archivo TMX a partir de un archivo bilingüe (PO, XLIFF o bilingües de Trados) es añadirlo a la lista de archivos mediante al atajo Ctrl + Insert. A continuación nos dirigimos a Utilities > Conversion Utilities > File Format Conversion… (Utilidades > Utilidades de conversión > Conversión de formatos de archivos), donde aparecerá la siguiente ventana:

Conversión de archivos

Ventana de Rainbow de la función de conversión de archivos

En la sección Output Format (Formato de destino), elegimos el formato al que convertiremos el texto (en este caso, TMX). Marcando las casillas de debajo, podemos elegir, entre otras opciones, si solamente queremos convertir los segmentos aprobados o si queremos crear un único archivo de destino en vez de un archivo de destino por archivo original. Para terminar, elegimos el nombre y la ruta del archivo de destino y pulsamos el botón Ejecutar.

Una vez terminado el proceso, obtendremos un archivo TMX compatible con la gran mayoría de herramientas de traducción asistida, ya sean de pago o gratuitas. En la siguiente captura de pantalla podemos ver un archivo TMX creado con Rainbow a partir de un documento RTF bilingüe (convertido a su vez con Rainbow a este formato desde un archivo original ODT), y que he abierto con el programa Notepad++ (una alternativa al Bloc de notas de Windows que recomiendo encarecidamente), lo que supone una buena forma de averiguar más información sobre la estructura interna de un archivo TMX.

Archivo TMX

Captura de pantalla de archivo TMX abierto con Notepad++

Con estas dos funciones doy por terminada esta entrada dedicada a Okapi Framework y, en particular, a Rainbow. Como siempre, os animo a trastear con Okapi y con Rainbow, porque así seguro que descubrís muchas más funciones de las que da tiempo a hablar en este blog y, de paso, podéis sacarle el máximo partido de manera acorde con vuestras necesidades profesionales y particulares.

En las siguientes entradas seguiré hablando de Rainbow, así como de otras aplicaciones pertenecientes a Okapi Framework. Con respecto a vosotros: ¿conocíais esta herramienta? ¿Alguno la habéis utilizado? ¿Qué funciones destacáis y cuáles echáis de menos? ¡Espero vuestro comentarios! 😉

En la introducción a este blog (enlace), mencionaba el hincapié que íbamos a hacer en el software libre relacionado con la traducción y la localización. Así pues, no es extraño que esta primera entrada esté dedicada a Anaphraseus (enlace), un complemento de OpenOffice.

Quienes no estén familiarizados con el gran alcance del mundo del software libre puede que no conozcan OpenOffice, que es una suite ofimática, al estilo de Microsoft Office, pero por la que no hay que pagar una licencia por unas aplicaciones que, en la mayoría de los casos, quedan desaprovechadas, pues no las vamos a utilizar con frecuencia o, si me apuras, casi nunca. Además de ser gratuita, cuenta con todas las funciones de MS Office, se encuentra traducida al español (por cierto, si os interesa, podéis participar en la traducción aquí) y podemos personalizarla, al estilo de otros programas como el navegador Mozilla Firefox o el gestor de correo electrónico Mozilla Thunderbird, mediante extensiones o complementos de manera igualmente gratuita. Estos complementos permiten modificar funciones de OpenOffice o añadir otras nuevas.

Este es el caso de Anaphraseus, una extensión que, imitando el modo de trabajar de Wordfast Classic, se añade a OpenOffice como una barra de herramientas que nos permite traducir utilizando memorias de traducción dentro de esta suite ofimática. A diferencia de Wordfast Classic, Anaphraseus es gratuito, lo cual, sin duda, es de gran ayuda para un traductor en sus comienzos o si no dispone de grandes recursos económicos. A continuación, voy a explicar cómo podemos descargarnos e instalar Anaphraseus para después trabajar con él.

En mi caso, la ley de Murphy ha funcionado mejor que nunca: ha sido ponerme a realizar capturas de pantalla para este tutorial y actualizar la versión de Anaphraseus (actualmente, la 2.01 beta) y empezar a fallar todo, así que he tenido que recurrir a una versión anterior de Anaphraseus que tenía guardada (la 1.23 beta). Como no está localizada al español, los nombres de funciones aparecen en inglés, con su traducción al español, que puede no coincidir exactamente con la versión localizada. A pesar de ello, he podido realizar alguna captura de pantalla con la versión más reciente (en ese caso, lo indicaré). Si podéis, utilizad la última versión, que estará más pulida que la mía y tendrá más funciones.

El primer paso (contando con que ya tenemos OpenOffice instalado) consiste en dirigirse a la página de descarga de Anaphraseus (si queremos echar un vistazo a todas las características del complemento, podemos acudir a la página del proyecto) y, lógicamente, descargarlo y guardarlo en el ordenador. Tendremos un archivo .zip que habrá que descomprimir en una ubicación que deseemos (al tratarse de varios archivos, recomiendo extraerlo en una carpeta aparte), donde, entre otros, veremos un archivo .oxt (extensión o complemento de OpenOffice). Bastará con hacer doble clic sobre él para que se abra el administrador de extensiones de OpenOffice. Otra forma de realizar este proceso consiste, con el Writer abierto (al abrir OpenOffice, elegimos crear un nuevo Documento de texto), en seleccionar Herramientas > Administrador de Extensiones. En cualquier caso, tras aceptar el acuerdo de licencia, para lo cual se debe mover la barra de desplazamiento del texto hasta el final, se instalará el complemento. Basta con cerrar Open Office y volver a abrirlo para poder empezar a trabajar con Anaphraseus.

Si tu versión es la 2.01 beta, aparecerá un botón con el texto Crear Menú y Barra de Herramientas Anaphraseus. Si lo pulsamos, se crea un nuevo menú desplegable con el nombre de Anaphraseus y una barra de herramientas, que se muestra en su totalidad si pinchamos en el botón con el icono del sol. La siguiente imagen permite hacernos una idea de la situación actual:

Barra y menú de Anaphraseus

Barra y menú de Anaphraseus

En la versión que he utilizado, la 1.23 beta, el menú y la barra aparecen nada más abrir OpenOffice Writer.

Al desplegar la barra de herramientas o el menú, podemos acceder a las funciones típicas de un programa de traducción asistida, como abrir o cerrar segmento, añadir términos, fusionar o separar segmentos, recuperar el segmento original. Quizás la más interesante en estos momentos sea la función Configure (Configuración), a la que podemos acceder mediante el atajo Alt + F9, y que vemos en la siguiente imagen:

Configuración

Configuración de Anaphraseus

En esta sección podemos establecer la memoria del proyecto, importar una memoria en formato TMX, reorganizarla, invertir los idiomas de origen y destino, establecer glosarios y muchas otras funciones que podéis explorar vosotros mismos (me imagino que en la versión 2.01 beta que encontraréis en la página web de Anaphraseus hay funciones añadidas, pero no he podido comprobarlo por los errores que he comentado anteriormente).

Para comenzar a traducir un texto, seleccionaremos el botón de la barra de herramientas o la función en el menú Anaphraseus, o bien podemos utilizar el atajo de teclado correspondiente, (en la versión de Anaphraseus que he utilizado, la 1.23, hace falta activar los atajos de teclado en el menú de Anaphraseus para poder utilizarlos), Alt + tecla abajo (imagen).

Una vez traducido el segmento, se guardará en la memoria, y si lo volvemos a abrir, veremos que se ha quedado con un color de fondo verde, lo que nos indica que existe un  100 %, o coincidencia total, en la memoria para ese segmento.

110% en la memoria

Coincidencia del 100% en la memoria

En caso de existir una correspondencia parcial en la memoria, se mostrará en color amarillo.

Coincidencia parcial

Coincidencia parcial en Anaphraseus

Ya podemos traducir textos en OpenOffice Writer utilizando una memoria de traducción en formato txt o tmx (Translation Memory eXchange). Al igual que en Trados o en Wordfast, al terminar la traducción habrá que limpiar el documento para eliminar el formato oculto que utiliza Anaphraseus para segmentar el texto. Tan sencillo como elegir la función Clean up (Limpiar). Como se aprecia en la imagen, no queda ni rastro de texto oculto.

Documento después de limpiarlo

Documento limpio

Una vez limpio el documento, estará listo para enviarlo al cliente, revisarlo, etc. Para coger soltura con Anaphraseus y otros programas, sólo os puedo recomendar que practiquéis y que juguéis con ellos, pues es la mejor de aprender, “destriparlos” y descubrir todas sus funciones y posibilidades (también sus defectos, como no). Así que nada, que espero que este tutorial os haya sido de utilidad y que me lleguen vuestros comentarios. 🙂