¡Hola a todos!

Varios de vosotros me habéis preguntado desde la última vez que actualicé el blog si lo había abandonado, a lo que yo respondía algo como: «tengo varias entradas en mente, pero me falta un hueco para escribirlas». Si bien es cierto que, pensándolo bien, ha pasado demasiado tiempo desde mi última entrada, en mi fuero interno estaba completamente convencido de que algún día volvería a él. Y aquí me tenéis.

Mucho ha cambiado desde entonces, en especial en el campo profesional, donde esa parte friki de mí mismo amante de trastear con todo lo relacionado con la informática aplicada a la traducción se ha ido abriendo paso poco a poco. Este progreso ha supuesto que, más que traducir (aunque sin dejarlo de lado), en estos momentos dedique gran parte de mi jornada laboral trabajando para varios clientes sumergido en la parte técnica de la traducción. Entre otras muchas tareas, me encargo de la gestión y actualización de memorias de traducción, de la creación de proyectos y de filtros para la traducción de diferentes tipos de archivos en diversas herramientas TAO, de la comprobación de archivos finales y del testing, en especial de cursos web.

Asimismo, dado que mis principales clientes trabajan con memoQ, esta herramienta TAO se ha convertido en la compañera infatigable de mi trabajo cotidiano. A fuerza de lidiar con ella día sí y día también, he ido aprendiendo varios secretos —o trucos, si los queréis llamar así— que he ido guardando en la cabeza (y, de vez en cuando, apuntando en papeles sueltos que luego extravío) a medida que los descubría, con la esperanza de que, cuando tuviera tiempo, pudiese compartirlos en este blog.

Estos días, aprovechando que he tenido un poco de tiempo, he pensado que ya iba siendo hora de escribir esta primera entrada sobre memoQ. Antes de ir al meollo del asunto, explicaré brevemente, por si alguien no lo conoce, qué es memoQ y, además, os dejaré un minitruco para ocultar el número de licencia en dicho programa —enseguida sabréis los motivos por los cuales podríamos recurrir a ello—.

Sobre memoQ

memoQ es una herramienta TAO desarrollada por la empresa húngara Kilgray que, de forma similar a Cafetran Espresso 2014, SDL Trados Studio, Wordfast Pro, Déjà Vu X y otras alternativas menos conocidas, integra en una misma ventana los documentos que se van a traducir divididos en segmentos, las correspondencias de una memoria de traducción y las entradas de una base de datos terminológica, en su caso. Se estructura en torno al formato MEMOQXLIFF (una variante del estándar XLIFF con propiedades añadidas por Kilgray), al cual convierte de forma interna los archivos traducibles, sea cual sea el formato de origen.

La última versión, la 2014 R2, se caracteriza, entre otras novedades, por el cambio de su interfaz clásica por otra que clasifica las funciones del problema mediante la cinta de opciones, que vimos por primera vez en Microsoft Office 2007, lo que ha suscitado críticas tanto positivas como negativas entre los usuarios de memoQ. En su página web podréis ver con mayor detalle todo lo que puede ofrecer.

Cómo ocultar el número de la licencia

Al abrir memoQ, en la esquina superior derecha se puede ver el número de licencia del usuario. Si, al igual que yo, vais a enseñar vídeos o capturas de pantalla desde vuestro ordenador, o bien hay personas que pueden acceder a vuestro ordenador; y si queréis que ningún gorrón listillo pueda copiarlo y usarlo en su copia de memoQ (cada licencia permite usar el programa en dos ordenadores), seguid estos pasos, que en su día hallé en la sección de asistencia de Kilgray:

  • Si no lo está ya, cerrar memoQ.
  • Abrir el archivo AppPreferences.xml situado en C:\ProgramData\memoQ con un editor de textos, como el Bloc de Notas o Notepad ++.
  • Cambiar el valor de la cadena HideSerial (o, en su caso, crearla) de false a true y guardar el archivo.

En esta captura podéis ver que el número de licencia ha desaparecido de la ventana principal de memoQ.

Licencia oculta en memoQ

Datos del usuario de memoQ con el número de licencia oculto

Volvamos a lo que nos ocupa: la pseudotraducción

¿Qué es la pseudotraducción y para qué se utiliza?

La pseudotraducción (llamada roundtrip en inglés), de la que ya habló Pablo Muñoz en Algo más que traducir, consiste en aplicar a los documentos traducibles una serie de pruebas (normalmente, varias búsquedas y sustituciones en los archivos) previas a la traducción propiamente dicha mediante las cuales se simula la traducción de dichos archivos con distintos objetivos, entre los que figuran los siguientes:

  • Asegurarse de que la exportación del archivo traducido al formato original se producirá sin problemas. Hay varios factores que pueden impedir que se produzca correctamente: que el archivo original esté dañado, que durante la traducción se altere el archivo original de tal forma que imposibilita la exportación, la existencia de un formato complejo que provoque errores y otros problemas de diversa índole. Es conveniente llevar a cabo la pseudotraducción por si se diera cualquier error que no permitiera la correcta exportación del archivo traducido, con el fin de poder identificarlo, anticiparnos a los problemas y buscarles una solución y, si conviene, avisar al cliente de dichos problemas.
  • Si la exportación termina sin problemas, abrir los archivos traducidos con el fin de comprobar la integridad del texto. Puede haber incompatibilidades de la fuente usada en el original con los caracteres no latinos o la escritura de derecha a izquierda, cambios en la codificación de los archivos traducidos y otras cuestiones que a veces no se pueden detectar hasta la exportación de dichos archivos. De nuevo, es oportuno recurrir a la pseudotraducción para poder tomar las decisiones oportunas al respecto.
  • Ver si hay texto traducible sin traducir o texto no traducible sin bloquear y comprobar que los filtros de importación de archivos tanto predeterminados como personalizados (a los que volveré en futuras entradas) se han aplicado del modo en que se pretendía que funcionaran. Puede haber, por ejemplo, texto traducible oculto o etiquetas personalizadas del cliente que deben quedar bloqueadas pero que han quedado como texto plano, lo que no se puede detectar hasta abrir los archivos exportados.
  • En localización de software, de aplicaciones para dispositivos móviles y de videojuegos, entre otros, dilucidar si, a pesar de la expansión del texto (el aumento en el número de caracteres), la traducción es legible. Dicho de otro modo, el objetivo real es —como bien explica Pablo Muñoz— comprobar si los desarrolladores han llevado a cabo una correcta internacionalización del producto (es decir, lo han preparado para su localización teniendo en cuenta las peculiaridades de cada idioma).

Teniendo en cuenta estos motivos, se puede llegar a la conclusión de que añadir un paso de pseudotraducción previo a la traducción en sí resulta muy recomendable, en especial en archivos como XML personalizados, documentos con formato complejo o con archivos incrustados, etc.

La pseudotraducción en memoQ

El primer paso consiste en abrir memoQ y crear el proyecto con la combinación de idiomas, memorias de traducción y demás configuraciones que correspondan, sin olvidar —claro está— importar los archivos que se van a traducir usando los filtros correspondientes.

En este punto del proceso, si se intenta exportar los archivos, memoQ avisará de que no puede hacerlo por haber errores de etiquetas y segmentos vacíos en el idioma de destino. Este aviso se debe a que, de forma predeterminada, los segmentos de destino están vacíos, sin etiquetas ni texto normal (salvo que hayamos pretraducido el archivo original por algún motivo o que esté presegmentado, como puede ser con archivos XLIFF o TTX, por poner dos ejemplos).

Con el propósito de evitar que aparezca este mensaje, hay que copiar los segmentos de origen en los de destino, para después poder aplicar la pseudotraducción. Para tal fin, en la cinta de opciones, vamos a la pestaña Preparación y, en el grupo Traducciones, hacemos clic en la opción Copiar origen al destino si éste está vacío, como se ve en la captura de pantalla. Elegimos si queremos que se copien los segmentos en todo el proyecto (lo más recomendable) o en un archivo o conjunto de archivos.

Copiar origen al destino

Copiar segmentos de origen en los de destino en memoQ

En segundo lugar, procedemos a la pseudotraducción propiamente dicha, que se trata de un conjunto de operaciones de buscar y reemplazar en los segmentos de destino de los archivos pertinentes. memoQ cuenta con una gran ayuda para realizar este paso: el complemento de memoQ de pseudotraducción, que se encarga de realizar dichas operaciones por nosotros. Sin embargo, está desactivado de forma predeterminada, por lo que tendremos que activarlo antes.

Se puede poner en marcha dicho complemento pulsando el botón Opciones situado en la esquina superior izquierda (el icono son varias ruedas dentadas). A continuación, como se observa en la captura de pantalla que figura a continuación, en el apartado Categorías vamos a Traducción automática, buscamos el complemento y marcamos las casillas Habilitar complemento y Preferido (esta última no es obligatoria, pero sí recomendable).

Complemento de pseudotraducción de memoQ

Vista del complemento de pseudotraducción de memoQ una vez activado

El tercer paso, una vez activado el complemento, se basa en la pretraducción de los archivos, proceso durante el cual el complemento llevará a cabo las búsquedas y reemplazos según esté configurado. En la misma pestaña Preparación se encuentra el botón Pretraducir.

Cuando se abra la siguiente ventana, hay que asegurarse de marcar la casilla Usar traducción automática y la opción Cualquier coincidencia para que memoQ use a lo largo del archivo o conjunto de archivos seleccionados el complemento que hemos activado con anterioridad. En la siguiente captura de pantalla se puede ver cómo queda la configuración.

Pretraducir y estadísticas en memoQ

Cuadro de diálogo Pretraducir y estadísticas

Llegados a este punto, memoQ puede que nos sorprenda con un mensaje de error, el cual se debe a que este complemento no funciona con todas las combinaciones de idiomas. Por ejemplo, no está disponible si uno de los idiomas es el español a secas, sin concretar la variante lingüística. No hay nada de qué preocuparse: lo único que cambia es que seremos nosotros quienes hagamos las búsquedas y reemplazos en los archivos. Con una serie de cinco o seis búsquedas tendría que ser suficiente para ver cómo afecta la pseudotraducción a los archivos de origen.

Al menú Buscar y reemplazar se llega con la combinación de teclas Ctrl + H. En esta ventana, lo más recomendable consiste en que, busquemos lo que busquemos, lo sustituyamos por caracteres propios de la lengua de destino, como pueden ser caracteres con acento, la eñe, la cedilla, hanzi de la escritura china, etc.; así como por caracteres especiales, como el símbolo del dólar, la almohadilla y tantos otros. Así mismo, si nuestro objetivo es comprobar si el aumento de caracteres puede impedir su legibilidad, tendremos que añadir varios caracteres en el cuadro Reemplazar por. De esta forma, nos cercioraremos de que la pseudotraducción será lo más parecida a la traducción real al idioma correspondiente, lo que permitirá identificar posibles problemas con mayor precisión.

Como se aprecia en la siguiente captura de pantalla, es importante marcar la opción Destino y pulsar el botón Reemplazar todos, así como elegir el ámbito de aplicación de la búsqueda que se prefiera.

Buscar y reemplezar en memoQ

Vista del cuadro de diálogo Buscar y reemplazar en memoQ

Una vez terminada la serie de búsquedas y reemplazos, pasamos a exportar los archivos, bien marcando los archivos, abriendo el menú con el botón secundario del ratón y haciendo clic en la opción Exportar (ver captura de pantalla), o bien pulsando el botón Exportar en la pestaña Documentos de la cinta de opciones. Después elegiremos la opción que mejor convenga entre Exportar (ruta almacenada) o Exportar (cuadro de diálogo). Si no hay problemas con la exportación, ya podemos abrir los archivos pseudotraducidos que ha creado memoQ para detectar posibles problemas.

Exportación de archivos tras la pseudotraducción

Exportación de archivos tras la pseudotraducción

Por último, y no menos importante, una vez hayamos comprobado que no hay ningún error, todavía queda un último paso por hacer, que consiste en borrar las pseudotraducciones de los segmentos de destino para que se pueda llevar a cabo la traducción real, lo que se consigue en la cinta de opciones, pestaña Preparación, grupo Traducciones, botón Borrar traducciones.

Borrar traducciones tras la pseudotraducción

No olvidéis borrar las traducciones tras la pseudotraducción

Aquí acaba el método que suelo emplear antes de empezar cualquier proyecto, pero ni mucho menos es el único válido (cada maestrillo tiene su librillo, dicen). También hay que tener en cuenta que, incluso habiendo recurrido a la pseudotraducción, cabe la posibilidad de que, una vez terminada la traducción, nos topemos con algún error misterioso que dificulte la exportación de los archivos. Mediante la pseudotraducción, sin embargo, casi siempre detectaremos los errores de «fábrica» en los originales, lo que permite prevenir en vez de tener que curar más adelante —por la ley de Murphy, cuanto más cerca del plazo de entrega nos hallemos— :).

¡Hola a todos!

Retomo el blog con una entrada que mi amigo y antiguo profe Rubén me sugirió escribir en su día: Okapi Framework. Como ya habéis sido testigos de mis parrafadas habituales, y dado que esta herramienta es muy amplia, escribiré varias entradas sobre el tema. Aquí va la primera de ellas.

INTRODUCCIÓN

Me imagino que muchos de vosotros os habréis preguntado al leer el título: «¿Qué es Okapi Framework?». Nadie mejor que sus creadores para contárnoslo. Si prestamos atención a su página web, podemos averiguar que Okapi Framework (de ahora en en adelante, Okapi) es «un conjunto de componentes y aplicaciones de código abierto, libre y multiplataforma diseñado como apoyo a los procesos de traducción y localización». Así pues, nos queda claro que Okapi es gratuito y que no se trata de una herramienta de traducción asistida por ordenador al uso, sino de un complemento de ayuda en las tareas de traducción y localización.

A su vez, Okapi consta de varias herramientas escritas en lenguaje Java entre las que destaco Rainbow (a la que dedicaré esta entrada en exclusiva), que nos permite ejecutar multitud de procesos relacionados con la traducción y localización, CheckMate, utilizada para realizar controles de calidad en archivos bilingües y, dentro de las antiguas aplicaciones de Okapi en .NET framework, Olifant, que sirve para realizar búsquedas y cambios en distintos formatos de memorias de traducción. Cabe mencionar, así mismo, la presencia de aplicaciones en línea de comandos, destinadas a usuarios más avanzados, como Tikal, que permite unir varios archivos XLIFF, llevar a cabo conversiones de archivos o incluso traducir utilizando sistemas de memorias de traducción; o Ratel, un editor WYSIWYG empleado para crear reglas de segmentación SRX (Segmentation Rules eXchange).

RAINBOW

La primera vez que abrimos Rainbow, nos encontramos con una ventana como la de la siguiente imagen:

Rainbow

Ventana principal de Rainbow

Como se puede observar, en dicha ventana figura la clásica barra de menús, común a la mayoría de aplicaciones, donde nos serán de especial utilidad los menús Utilities y Tools (Utilidades y Herramientas, respectivamente) y una sección de botones que ejecutan las funciones más básicas, como abrir un proyecto, guardarlo, etc. Debajo de esta sección vemos de un directorio titulada Root (Raíz), que es el directorio de nuestro proyecto. El resto de la pantalla lo ocupa una sección con varias pestañas, destinadas a la listas de documentos con los que queremos trabajar (hasta un total de tres), así como otra pestaña, Languages and Encodings (Idiomas y codificaciones), donde podemos establecer, como su nombre indica, los idiomas y codificaciones de los archivos que hayamos añadido. Para terminar, en Other Settings (Otros ajustes) podemos configurar algunas características de los archivos de destino.

Creación de paquetes de traducción

La primera función de Rainbow que quiero destacar es la creación de paquetes de traducción. De esta manera, podemos preparar nuestros archivos para convertirlos a formatos compatibles con diversas herramientas tanto gratuitas como de pago, como QT Linguist (recordad que hablé de esta herramienta en la entrada anterior), OmegaT, Trados, Swordish III (que mencioné en esta entrada) o Wordfast. Así que por falta de alternativas no será.

Para acceder a esta función, tendremos que, en primer lugar, cargar los archivos que queremos convertir mediante la combinación de teclas Alt + Insert. Una vez elegidos, nos dirigiremos a Utilities > Translation Kit Creation… (Utilidades > Creación de paquetes de traducción). En la siguiente captura de pantalla podemos ver un ejemplo de esta ventana. En la parte derecha de la ventana que aparece, podemos ver la lista de formatos a los que se pueden convertir los archivos. Cuando seleccionamos uno, en la sección inferior se nos aporta una breve descripción que soluciona más de una duda. Asimismo, en la pestaña Output Location (Ubicación de los archivos de destino) podemos decidir la ubicación del paquete que creemos, así como si deseamos que el programa cree un archivo comprimido con los archivos de dicho paquete.

Creación de paquetes de traducción

Captura de pantalla de la ventana de Creación de paquetes de traducción de Rainbow

El programa nos creará un paquete en la carpeta que le hayamos indicado, con una carpeta destinada a los archivos originales y otra, de nombre, work, que contiene los archivos de trabajo o borradores, que son el resultado de la conversión que ha realizado Rainbow para hacerlos compatibles con el programa de traducción asistida elegido. Aquí tenemos un ejemplo de un paquete PO que puedo traducir mediante QT Linguist, y que he creado a partir de un archivo en formato ODT.

Archivo PO en QT Linguist

Captura de pantalla de un archivo PO en QT Linguist creado por Rainbow

Las siguientes capturas muestran, respectivamente, los paquetes de este mismo archivo obtenidos siguiendo este proceso para su posterior traducción en Swordfish III (a partir de un archivo XLIFF), OmegaT y Trados (a partir de un archivo RTF).

Archivo XLIFF en Swordfish

Captura de pantalla de archivo XLIFF creado con Rainbow y abierto en Swordfish

Traducción en OmegaT

Captura de pantalla de un texto para traducir abierto en OmegaT creado desde Rainbow

Archivo RTF bilingüe

Captura de pantalla de un archivo RTF bilingüe para Trados creado con Rainbow.

Como habréis podido comprobar ya, contamos con muchas opciones de creación de paquetes de traducción, compatibles tanto con herramientas de traducción asistida gratuitas como comerciales. Aparte de lo mostrado anteriormente, podemos crear archivos compatibles con Transifex, Wordfast y otras herramientas de traducción asistida.

Creación de memorias de traducción

Imaginaos que, utilizando Rainbow, hemos podido convertir un archivo siguiendo los pasos anteriores a un programa de traducción asistida de nuestra elección como, por ejemplo, QT Linguist. Cuando hemos terminado de traducir el archivo, caemos en la cuenta de que queremos guardar una memoria de traducción basada en dicho archivo para poder aprovechar la traducción en futuros proyectos. Sin embargo, herramientas como QT Linguist no funcionan con el concepto de memoria de traducción, al contrario que otras alternativas como Trados o Wordfast o, si hablamos de software libre, OmegaT o Anaphraseus. Pues bien, en vez de maldecir nuestra mala suerte, Rainbow nos puede ayudar a salir del apuro mediante su función de conversión de archivos, en concreto la conversión a formato TMX (Translation Memory eXchange).

A diferencia de la función de paquetes de traducción, la conversión de archivos se limita a convertir los documentos que queramos a otro formato, sin crear la estructura de carpetas más propia de un proyecto de traducción (es decir, carpetas para documentos originales y borradores y otros archivos necesarios para ser compatibles con el programa elegido). Si bien es cierto que estas dos funciones pueden llegar a solaparse (en especial en el caso de los archivos PO), creo que dan la posibilidad de que cada traductor trabaje según más le convenga.

En la situación que nos ocupa, el primer paso para obtener nuestro archivo TMX a partir de un archivo bilingüe (PO, XLIFF o bilingües de Trados) es añadirlo a la lista de archivos mediante al atajo Ctrl + Insert. A continuación nos dirigimos a Utilities > Conversion Utilities > File Format Conversion… (Utilidades > Utilidades de conversión > Conversión de formatos de archivos), donde aparecerá la siguiente ventana:

Conversión de archivos

Ventana de Rainbow de la función de conversión de archivos

En la sección Output Format (Formato de destino), elegimos el formato al que convertiremos el texto (en este caso, TMX). Marcando las casillas de debajo, podemos elegir, entre otras opciones, si solamente queremos convertir los segmentos aprobados o si queremos crear un único archivo de destino en vez de un archivo de destino por archivo original. Para terminar, elegimos el nombre y la ruta del archivo de destino y pulsamos el botón Ejecutar.

Una vez terminado el proceso, obtendremos un archivo TMX compatible con la gran mayoría de herramientas de traducción asistida, ya sean de pago o gratuitas. En la siguiente captura de pantalla podemos ver un archivo TMX creado con Rainbow a partir de un documento RTF bilingüe (convertido a su vez con Rainbow a este formato desde un archivo original ODT), y que he abierto con el programa Notepad++ (una alternativa al Bloc de notas de Windows que recomiendo encarecidamente), lo que supone una buena forma de averiguar más información sobre la estructura interna de un archivo TMX.

Archivo TMX

Captura de pantalla de archivo TMX abierto con Notepad++

Con estas dos funciones doy por terminada esta entrada dedicada a Okapi Framework y, en particular, a Rainbow. Como siempre, os animo a trastear con Okapi y con Rainbow, porque así seguro que descubrís muchas más funciones de las que da tiempo a hablar en este blog y, de paso, podéis sacarle el máximo partido de manera acorde con vuestras necesidades profesionales y particulares.

En las siguientes entradas seguiré hablando de Rainbow, así como de otras aplicaciones pertenecientes a Okapi Framework. Con respecto a vosotros: ¿conocíais esta herramienta? ¿Alguno la habéis utilizado? ¿Qué funciones destacáis y cuáles echáis de menos? ¡Espero vuestro comentarios! 😉

¡Hola a todos!

Después de un larguísimo tiempo sin actualizar fundamentalmente debido a la pereza y a la falta de ideas, creo que ya iba siendo hora de ponerme a redactar una entrada nueva.

Como bien dice el título, voy a tratar de un formato de archivo que suele provocar problemas a los traductores, especialmente en cuanto al formato: el PDF. Ya sabréis que un documento PDF es ideal para textos candidatos a ser impresos, como pueden ser folletos, manuales de usuario, presupuestos, facturas, etc. Los inconvenientes surgen cuando intentamos traducirlos: al no tratarse de un documento editable, nuestra tendencia es intentar copiarlo en un procesador de textos, como Word. Si tenemos la versión Pro de Acrobat o el complemento Sun PDF Importer de OpenOffice o LibreOffice, podemos editar el texto, pero no traducirlo como haríamos con las herramientas típicas (con memoria de traducción, glosarios, etc.).

Dadas las dificultades de trabajar con este formato, lo conveniente cuando recibamos un encargo de traducción en PDF es intentar solicitar al cliente una copia en un formato de archivo editable o, si no es posible, recordarle que, si desea mantener el formato del original (en caso contrario, bastará con copiar y pegar el texto en un procesador de textos, si es que el documento no está protegido), se incluirá una cantidad en concepto de gastos de maquetación (una tarifa por hora sería lo más recomendable en este caso). De todas formas, si recibimos una copia editable de ese documento, debemos asegurarnos de que el formato no traerá problemas (por ejemplo, los documentos con tablas y más tablas suelen ser bastante complicados) si no queremos acabar después por la calle de la amargura.

Si no queda más opción que trabajar con un PDF, contamos con varias opciones a las que he recurrido según el momento. Sea cual fuere el método escogido, es seguro que tendremos que realizar una maquetación del documento final, cuya dificultad y duración dependerá fundamentalmente de la complejidad del formato del PDF de origen y de las herramientas que utilicemos para editarlo.

Antes de comenzar con las opciones, me gustaría señalar que las celdas en el documento PDF de destino de los tutoriales pueden estar un poco desalineadas, pero se debe a las prisas causadas por la limitación de los minutos de extensión del tutorial. Lógicamente, una maquetación profesional debe quedar perfecta, pero ese no es el objetivo de estos tutoriales.

1. CONVERTIR EL PDF

La primera opción consiste en recurrir a un conversor de documentos PDF a otros formatos, como DOC. Hay muchísimas alternativas, como PDFZilla, al que le cuesta, sin embargo, trabajar con documentos con formato más complejo, como tablas. En el vídeo de ejemplo se puede ver como transforma un documento de prueba consistente en una única tabla en un documento editable de texto plano. Dicho de otra forma, se pierde todo el formato, con lo que no evitaríamos tener que realizar una maquetación más adelante.

De entre todos los conversores que existen, el de más calidad que he probado es el Abby FineReader, del que podéis descargar una versión de prueba (funcional durante 15 días y que permite procesar hasta 50 páginas), la cual que me ha salvado alguna vez la vida con relación a la digitalización de documentos gracias al increíble OCR que incluye. En el caso del PDF de ejemplo, lo convierte a Word a la perfección, de forma que podemos trabajar con Trados, Wordfast o, si lo abrimos con OpenOffice o LibreOffice, con Anaphraseus. Una vez hayamos acabado, podemos convertirlo a PDF con el propio Abby FineReader o mediante la opción de guardar como PDF en OpenOffice, LibreOffice, Word 2007 (mediante este complemento) o Word 2010 (incluido en la propia aplicación).

Siguiendo este último paso, nos aseguramos de poder trabajar con un documento editable, que podemos modificar, por ejemplo, para cambiar el tamaño de las filas y columnas de la tabla para que quepa el texto. Luego basta con guardarlo a PDF para terminar nuestra tarea.

2. TRABAJAR CON TRADOS STUDIO

La forma de traducir archivos PDF integrada en Trados Studio me sorprendió muy gratamente en su día, y más con los PDF de gran tamaño o de formato complejo. Para que os hagáis una idea, probé a importar un PDF de varios megas de tamaño y de unas 80 páginas, de las que el 80 % aproximadamente eran tablas. También exporté el documento de origen a Word y me quedé asombrado con la calidad de la exportación: las tablas se mantenían en su sitio y solamente se apreciaban errores menores el formato, subsanables fácilmente si se tiene un poco de maña.

Tenemos dos modos de proceder con Trados Studio en el caso de documentos PDF:

  1. Importar el documento PDF (que Studio convierte a una variante del formato XLIFF propio de SDL, el SDL XLIFF) y, a continuación, traducirlo directamente en este programa (existe incluso la opción de una vista previa del documento final). Una vez hayamos acabado, basta con ir al menú Archivo > Guardar destino como y seleccionar la opción Microsoft Word. Después abrimos el documento en Word, realizamos los retoques necesarios y lo guardamos como PDF mediante alguna de las opciones descritas en la anterior opción.
  2. Abrir el PDF con Studio y, a continuación, ir al menú Archivo > Guardar origen y elegir el formato que queramos como, por ejemplo, el propio DOC. Cuando obtengamos el archivo de origen, podemos traducirlo utilizando alguna de las opciones mencionadas anteriormente, para luego realizar los retoques de maquetación que sean precisos y guardarlo como PDF siguiendo alguna de las opciones descritas antes.

Como veis, no es nada complicado trabajar con este programa. Es una verdadera lástima que, en mi opinión, el precio de una licencia sea prohibitivo. Si se redujera este coste, estoy seguro de que sería un programa con mayor tirón, porque su calidad es, a mi modo de ver, lo mejor de SDL que yo conozco.

3.INFIX+ TAGEDITOR/SWORDFISH

Hasta hace no demasiado tiempo, desconocía el programa Infix PDF Editor, que descubría de casualidad en un retuiteo de Pablo Muñoz, el autor del más que recomendable blog Algo más que traducir. Como me gusta mucho trastear y descubrir programas nuevos, lo descargué, lo instalé y lo eché un vistazo. Para mi sorpresa (agradable, todo hay que decirlo), me di cuenta de que, pese a su nombre, este programa es más que un editor de PDF, ya que la versión Professional permite exportar el texto de un PDF como archivo XML, que podemos traducir en algunas herramientas de traducción asistida, como Tag Editor, Deja Vu X o Swordfish II, un programa del que hablaré en futuras entradas.

Para empezar, tenemos que abrir el Infix PDF Editor. Si tenemos la opción de prueba, como en mi caso, nos saldrá una ventana en la que se nos pregunta cómo queremos trabajar con Infix. Seleccionamos Professional Mode (Modo profesional) y se abrirá la interfaz principal del programa. A continuación, abrimos el PDF yendo al menú File (Archivo) y eligiendo la opción Open (Abrir). Buscamos el archivo y pulsamos Abrir.

Una vez abierto, pasamos a exportar el texto como XML, para lo cual vamos al menú Document > Translate > Export XML… (Documento > Traducir > Exportar XML) o pulsamos el atajo Ctrl + Alt + E. Elegimos una ruta y nombre del archivo y pulsamos Aceptar. A partir de ahí, podemos elegir el programa con el que traducirlo. Como dice el título, he recurrido a Tag Editor y a Swordifsh II.

1. En el caso de TagEditor, abrimos el programa y le indicamos el XML que queremos traducir, bien mediante la opción del menú o arrastrando y soltando el XML en la ventana de TagEditor. A continuación, si es la primera vez que abrimos un XML creado en Infix, TagEditor nos indicará que no ha encontrado el archivo de configuración de etiquetas (un archivo de extensión .ini), que es el que le permite a TagEditor, grosso modo, identificar las etiquetas y bloquearlas para que no las traduzcamos o borremos por error, lo que afectaría al texto final. Elegimos la opción Abrir… y lo buscamos en la carpeta de instalación de Infix, similar a “C:\Program Files\Iceni\Infix4\Translation support\Trados\trados.ini”. Cuando pulsemos Aceptar, veremos la versión bilingüe del XML, lista para traducir con TagEditor.

Después de realizar la tarea de traducción y de revisión, tenemos que crear el archivo XML de destino. Para ello, vamos a Abrir > Guardar destino como… o pulsamos Mayús. + F12. Elegimos un nombre y ruta donde guardarlo y pulsamos Aceptar.

Para terminar, abrimos Infix de nuevo y nos dirigimos al menú Document > Translate > Import XML… (Documento > Traducir > Importar XML) o pulsamos el atajo Ctrl + Alt + I. Si hemos cerrado el programa antes, Infix nos dirá que no puede importar el XML porque no lo ha exportado primero. Basta con que lo exportemos siguiendo las indicaciones anteriores y, acto seguido, importarlo de manera normal. Entonces Infix sustituirá el texto original por el de destino, con la opción de sustituir texto donde falte, y podremos ver el aspecto del PDF de destino. En caso de que tengamos que retocar alguna parte del texto, Infix nos dejará modificar el archivo con total libertad.

Puede ocurrir que Infix nos llame la atención acerca de que la fuente del texto no admite caracteres españoles, como las letras con tilde o la eñe. En ese caso, tenemos que señalarle al cliente este problema y, en su caso, sustituir la fuente problemática por otra. En el PDF de ejemplo, para poder trabajar más fácilmente con los cuadros de texto, se hace clic con el botón secundario del ratón cuando se esté editando un cuadro de texto y, en la lista desplegable que aparece, se selecciona Text Box Data Fields (Campos de datos de cuadros de texto) y, a continuación, cambiamos el valor de Move Objects Below (Desplazar objetos hacia abajo) de False (Falso) a True (Verdadero).

Para finalizar, guardamos el archivo como PDF pulsando Ctrl + S o bien en el menú File > Save (Archivo > Guardar). Si hay algún problema, como texto que no se ve en una tabla debido al tamaño de la celda, el programa nos lo indica. Aquí encontramos una de las limitaciones de la versión gratuita de este programa: si guardamos el destino como PDF, Infix añadirá una marca de agua, lo que queda cutre y poco profesional si pretendemos enviarle el documento a un cliente. No obstante, Infix nos da la posibilidad de pagar para que podamos guardar tres documentos sin marca de agua por un precio de 22 €, lo que no es un disparate si nos van a pagar una buena cantidad por la traducción. Otra posibilidad consiste en comprar una versión completa del programa, que vale 114 €, que, en mi opinión, se amortizan pronto si trabajamos con una gran cantidad de archivos PDF.

Debajo añado el enlace del tutorial en vídeo de Youtube:

2. En el caso de querer traducir el archivo con Swordfish II, lo exportaremos en Infix siguiendo las indicaciones anteriores. A continuación, tenemos que convertir el XML en un archivo XLIFF, que es con el que trabaja Swordfish. Abrimos el programa y vamos al menú File > Convert Files to XLIFF Format (Archivo > Convertir archivos a formato XLIFF). Pulsamos el botón Add files (Añadir archivos), buscamos el XML y señalamos los idiomas de origen y destino en el siguiente paso. Si tenemos probar para convertir el archivo, cambiamos el tipo de archivo en File Type y escogemos Generic XML (XML genérico). Procedemos con la traducción como con cualquier otra herramienta TAO y, para obtener el archivo XML de destino, vamos a File > Convert XLIFF Files to Original Format (Archivo > Convertir archivos XLIFF  al formato de origen), seleccionamos la ruta y el nombre con el que queremos guardar el archivo y pulsamos el botón Convert XLIFF File to Original Format. Para terminar, abrimos Infix e importamos el XML igual que con Tag Editor.

A continuación os dejo el tutorial en vídeo de Youtube:

Como veréis, el PDF es un formato que suele ocasionar problemas a la hora de traducir, pero, con unas buenas herramientas y alternativas, podemos evitarnos muchos quebraderos de cabeza y facilitarnos el trabajo. Y, por vuestra parte, ¿conocéis alguna otra forma de trabajar con documentos en PDF?

A continuación os dejo los dos tutoriales de la entrada subido a Screncast.com, con una mejor calidad.

INFIX + SWORDFISH II

INFIX + TAGEDITOR

NOTA DEL AUTOR: debido a varias confusiones motivadas por la publicación de esta entrada, quiero aclarar que tanto ella como las siguientes no hubiesen sido posibles sin los materiales y las enseñanzas recibidos en las clases de varias asignaturas impartidas por Manuel Mata Pastor en la licenciatura en Traducción e Interpretación en la Universidad Autónoma de Madrid y en el Posgrado en Tradumática, Localización y Traducción Audiovisual de la Universidad Alfonso X El Sabio. Yo me he limitado a resumir dichas clases y a publicar estas entradas y grabar los tutoriales por propia iniciativa.

Pese a que obré de buena fe, con el fin de transmitir y compartir conocimientos mediante esta vía, y sin ningún ánimo de colgarme medallas que no me corresponden, y pese a que en un principio no quise que su nombre apareciese en un medio público como es este blog,  algunas situaciones complicadas en las que se han puesto en duda sus conocimientos y esfuerzos causadas por estas entradas me han llevado a redactar esta nota con la que pretendo hacer a este profesor la mención que se merece y se ha merecido desde un primer momento. Aprovecho para pedir disculpas a dicho profesor y a mis lectores por las confusiones y problemas que se hayan podido derivar de estas entradas. Lo mínimo que se puede hacer es rectificar y asumir los errores propios y otorgar a cada cual el reconocimiento que se merece. Como se suele decir, al César lo que es del César. Espero y deseo que, a partir de ahora, queden zanjadas todas las dudas relacionadas con este asunto.

José Manuel Manteca Merino

ARCHIVO FLA

En este último cuarto (actualizado con una nueva entrada) tutorial, nos encontramos en una situación en la que disponemos de un archivo .fla, el cual, como se ha dicho anteriormente, es la base sobre la que se crea una animación en Flash. El proceso que vamos a seguir va a ser el de abrir el archivo .fla en un programa como Macromedia Flash MX 2004 o el más reciente Adobe CS4., que es el que he utilizado en el vídeo (no obstante, tengo otro vídeo en el que he empleado el Macromedia Flash MX 2004,  con unos apuntes en pdf incluidos; si alguien lo quiere, que lo pida y lo subo, aunque el procedimiento con uno y otro es muy similar), para después extraer el texto y volcarlo en archivos XLIFF, por lo que necesitamos un complemento llamado Text  Catalog  Tools (abreviado TCT desde ahora), que también nos permite abrir archivos XLIFF con Excel.  Para poder trabajar con este complemento, tendremos que descargar e instalar el Adobe Extension Manager. A continuación, con Adobe CS4 abierto, nos dirigimos a Ayuda > Administrar extensiones y pulsamos el botón Instalar. Seleccionamos el archivo .mxp y el complemento quedará instalado.

El siguiente paso consiste en añadir el complemento de TCT a Excel. Si tenemos Office 2007, bastará con hacer doble clic para que se abra Excel y se nos muestre el cuadro de diálogo acerca del nivel de las macros. Si pulsamos Habilitar macros, veremos el complemento instalado en la pestaña Complementos con el nombre de Xliff. Si tenemos Office 2003, tendremos que bajar el nivel de macros manualmente yendo a  Herramientas > Opciones > pestaña Seguridad > Seguridad de macros  y pulsando la opción Bajo. Si reiniciamos Excel y hacemos doble clic en el archivo .xla de TCT, veremos como se crea un nuevo menú llamado Xliff.

Ya podemos empezar a traducir nuestro archivo .fla. Para empezar, lo abrimos en CS4 y nos dirigimos al menú Ventana > Otros paneles > Text Catalog Tools. Aparecerá un cuadro de diálogo con dos opciones. Para extraer el texto y exportarlo en un archivo .xml, hacemos clic en  Build  Catalog,  seleccionamos  el  nombre  con  el  que  queremos  guardar  el archivo  (es muy importante añadir siempre  la  extensión  .xml  al  final  del  nombre)  y  la  carpeta  donde guardarlo y hacemos clic en Guardar. Así obtenemos un archivo xml que modificaremos con Excel. Sin embargo, como hemos visto antes, podemos editarlo con Notepad++ traduciendo después de las etiquetas llamadas translation unit.

En nuestro caso, abrimos Excel, nos aseguramos de que las macros estén habilitadas (como hemos visto unos pasos atrás) y vamos a la sección de Complementos, elegimos Xliff, desplegamos la lista de opciones (sólo hay dos) y escogemos Open Xliff File… . A continuación, buscamos el documento .xml que creamos anteriormente y seleccionamos Abrir. A  continuación,  traducimos  en  la  columna  target, con  cuidado  de  no  alterar ninguna otra parte del documento, para lo cual resulta mejor copiar y pegar el texto de la columna de origen. Cuando  hayamos  acabado,  volvemos  a  la  sección  de  Complementos,  elegimos  Xliff, desplegamos la lista de opciones y escogemos Save Xliff File… . Guardamos el archivo con el nombre y en la  carpeta  de  destino  que queramos y hacemos clic en Guardar.

Para terminar, abrimos CS4 y, con el archivo .fla abierto, vamos de nuevo a Ventana > Otros paneles > Text Catalog Tools. Esta vez seleccionamos  Replace  Text,  buscamos  el  archivo  .xml  que  acabamos  de  traducir  y pinchamos en Abrir. Cuando acabe la importación, pinchamos en Finish. Ahora  podemos  guardar  el  archivo  .fla con  el  nombre  que  queramos,  o  bien  exportarlo  a  un  archivo  .swf  mediante  la  opción  Archivo >  Exportar  >  Exportar  película…  o  la combinación de teclas Ctrl + Alt + Mayús. + S.  También podemos publicarlo directamente en Archivo> Publicar o con la combinación Mayús. + F12. Así podremos ver cómo queda la animación final, por si tuviéramos que retocar algún aspecto de nuestra traducción en el archivo .fla.

Aquí tenéis el vídeo en Screencast.com, que tiene mejor calidad que en Youtube:

ARCHIVO .FLA

Con este último tutorial termino esta entrada serie (kilométrica) de entradas dedicada a la localización de animaciones en Flash.  Si tenéis alguna sugerencia o queréis que añada algún tutorial en vídeo, ponedme algún comentario y lo subo, que tengo  más vídeos guardados. Por si os hace falta, os he dejado los enlaces a la carpeta de Screencast.com donde tengo guardados los vídeos originales en formato .swf, ya que los de Youtube los he tenido que convertir a .avi y han perdido algo de calidad. Yo creo que en Youtube se ven bien, pero por si acaso, ahí los tenéis ;-).

Actualizado: nueva entrada con nuevo tutorial

NOTA DEL AUTOR: debido a varias confusiones motivadas por la publicación de esta entrada, quiero aclarar que tanto ella como las siguientes no hubiesen sido posibles sin los materiales y las enseñanzas recibidos en las clases de varias asignaturas impartidas por Manuel Mata Pastor en la licenciatura en Traducción e Interpretación en la Universidad Autónoma de Madrid y en el Posgrado en Tradumática, Localización y Traducción Audiovisual de la Universidad Alfonso X El Sabio. Yo me he limitado a resumir dichas clases y a publicar estas entradas y grabar los tutoriales por propia iniciativa.

Pese a que obré de buena fe, con el fin de transmitir y compartir conocimientos mediante esta vía, y sin ningún ánimo de colgarme medallas que no me corresponden, y pese a que en un principio no quise que su nombre apareciese en un medio público como es este blog,  algunas situaciones complicadas en las que se han puesto en duda sus conocimientos y esfuerzos causadas por estas entradas me han llevado a redactar esta nota con la que pretendo hacer a este profesor la mención que se merece y se ha merecido desde un primer momento. Aprovecho para pedir disculpas a dicho profesor y a mis lectores por las confusiones y problemas que se hayan podido derivar de estas entradas. Lo mínimo que se puede hacer es rectificar y asumir los errores propios y otorgar a cada cual el reconocimiento que se merece. Como se suele decir, al César lo que es del César. Espero y deseo que, a partir de ahora, queden zanjadas todas las dudas relacionadas con este asunto.

José Manuel Manteca Merino

¡Hola a todos!

Después de un periodo de puentes, vacaciones y compromisos varios, vuelvo a la carga, esta vez con una entrada sobre la localización de animaciones en Flash, como los que se pueden encontrar en prácticamente cualquier página web, y que suelen dar problemas a la hora de traducir debido a su complejidad o a la falta de experiencia del propio traductor.

Como más vale una imagen que mil palabras, esta vez he recurrido a Jing, un programa para capturar imágenes o vídeos del área de la pantalla que se quiera, para crear unos tutoriales en vídeo. Eso sí, como todavía no me he hecho con un micrófono, los tutoriales no tienen sonido (además, así tienen menor tamaño y se pueden ver o descargar más fácilmente). Cabe reconocer que las animaciones en Flash que he utilizado para mis ejemplos son muy sencillas y con poco texto, con el fin de que los tutoriales fueran breves pero a la vez útiles y provechosos.

Sin embargo, antes de proceder con los tutoriales y su correspondiente explicación escrita, voy a realizar una introducción al tema de las animaciones, por si pudiera ser de utilidad. En primer lugar, las animaciones creadas en Flash pueden contener texto como un elemento de texto (junto con los gráficos, clips de vídeo, etc.), lo cual facilita la tarea del traductor, como veremos más adelante, o bien estar separado de la presentación mediante un archivo .xml o txt que contiene el texto localizable y que se puede modificar fácilmente con un editor de textos (en uno de los tutoriales veremos cómo trabajar en ese contexto).  Puede darse la situación de que el texto que debamos traducir esté incrustado dentro de una imagen que sea un gráfico de la presentación, lo cual nos supondrá trabajar sobre dicha imagen directamente. Este último caso no lo trataremos en esta ocasión, ya que se enmarca también dentro de la localización de imágenes, que pretendo tratar en entradas futuras.

Asimismo, conviene saber la existencia de archivos .fla (de Flash), que son la “base” sobre la que se crea una animación en Flash, que es la versión final de la presentación, y que reconocemos por su extensión: .swf. Si alguna vez nos enfrentamos a la localización de una animación, conviene pedir al cliente la versión en fla, si es que existe, porque nos facilita en gran medida nuestro trabajo. Dadas estas dos posibilidades, he creado dos tres tutoriales en los que se localizan archivos .swf y otra en que el archivo de trabajo es un .fla.

Una vez explicado este tema, pasamos ya a los tutoriales en vídeo con la explicación escrita correspondiente. A modo de resumen, he grabado tres cuatro tutoriales donde tienen lugar cada una de estas situaciones, cada una ellas tratada en su entrada correspondiente:

1. Archivo .swf junto con texto incluido en archivos .xml independientes;

2. Archivo .swf con texto dentro de la animación;

3. Archivo .fla.

Actualizado:

4. Archivo .swf + Avral Tramigo

Como he tenido que convertir los vídeos a formato avi para subirlos a Youtube y han perdido calidad, al final de la entrada os dejo los enlaces a la carpeta de Screencast.com donde tengo guardados los vídeos originales en formato .swf, para que los podáis ver en condiciones si así lo preferís. Así pues, y sin más preámbulos, vamos a comenzar con el primer tutorial, así que id a la siguiente entrada.

Y creo que ya es todo por esta entrada. Como siempre digo, si tenéis alguna sugerencia sobre temas que queráis que trate, peticiones, etc., dejadme algún comentario 😉

¡Espero que os guste! 😀